La fe de Unamuno. La influencia de Pascal

Se pretende con esta exposición esbozar someramente un recorrido, temporal y vital, por el pensamiento de Miguel de Unamuno respecto a lo que es la fe y lo intentaremos hacer releyendo con el rector de Salamanca cuatro de sus escritos más significativos al respecto, ayudándonos, como no podía ser de otra manera, de algunas reflexiones de comentaristas expertos en el pensamiento de Unamuno. Concretamente nos vamos a situar entre los años 1897, año de composición de su Diario íntimo y de su llamada “crisis unamuniana” y 1924 en el que escribió su “Agonía del cristianismo” en su exilio de París y donde recoge en su capítulo IX un artículo escrito el año anterior en francés y publicado en la Revue de Métaphysique et de Morale y titulado “la foi pascalienne” con el que quiso conmemorar el tercer aniversario de la muerte de Pascal. Es en este filósofo francés en el que el rector de Salamanca se inspira a la hora de reflexionar sobre esta virtud teologal, la fe, cual un Pascal español, lleno de contradicciones, rehuyendo de la fe fruto de la razón y afirmando la raíz cordial de la fe. De ahí que a lo largo de todas sus reflexiones aparezca una y otra vez el sustrato pascaliano que influyó sobremanera en Unamuno. Ahora bien, las semejanzas, que las hay, entre Unamuno y Pascal, no nos tienen que encubrir las diferencias, que también las hay. Al final de estas reflexiones intentaremos precisarlas.
Entre el Diario Íntimo y La Agonía del cristianismo, Unamuno escribió los otros dos escritos que nos servirán para este recorrido. Se trata de un pequeño ensayo titulado “La fe” escrito en 1900 y donde con claridad meridiana Unamuno nos define en lo que ésta consiste. No hará falta más que enumerar con precisión y claridad unas cuantas definiciones que aparecen en este escrito y que, entre otras cosas, a mi modo de ver, despeja dudas respecto a lo que el rector de Salamanca entendía por creer, es decir, si era una actitud subjetiva, y por tanto falta de apoyo en la vida real y fruto de la sugestión o lo contrario, es decir, sustentada por la vida, vida que se entiende desde lo cordial, lo experiencial, lo vital y no solamente desde lo racional, es decir, lo analítico, lo comprobable en el laboratorio, etc. Y creo que es ahí donde debemos ver la clave para entender esta nueva forma de entender la fe, una fe que está más cerca de la visión bíblica que de la teológica. Ahora se entiende una de tantas contradicciones que Unamuno resalta en su Angustia del cristianismo, la que se deriva de contraponer el Espíritu y la Letra, dicho en clave de la reflexión que nos ocupa sobre la fe, podríamos hacer un paralelo con la fe que es fruto de la experiencia del amor de Dios que se vive y siente en el corazón, en el afecto, en la voluntad de creer a Aquel del que experimentó su existencia por experimentar su amor en contraposición a la fe, que Unamuno llamará racionalista propia de los silogismos jesuíticos, que antecede los conceptos doctrinales a la vivencia.
El otro texto es su Sentimiento trágico de la vida escrito en 1913. Aquí nos detendremos sobretodo en las aportaciones que para Unamuno supuso la lectura de los escritos del teólogo pascaliano Vinet y que tan acertadamente nos introduce el profesor Orringer en su libro Unamuno y los protestantes liberales.


Guillermo Taberner

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